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domingo, diciembre 18, 2011

ARTE AFRICANO

Los museos de arte moderno, MOMA, y Metropolitano de Nueva York son dos atractivas ofertas culturales entre las muchas que ofrece la ciudad. En el primero hay una muestra retrospectiva de 200 obras de Willem de Kooning, uno de los artistas más importantes y prolíficos del siglo XX.

En el Museo Metropolitano la gran atracción, que  permanecerá  hasta el 29 de enero de 2012, es la exposición “Africanos Heroicos: líderes legendarios, esculturas representativas”. Más de cien obras maestras traídas de colecciones de Europa y de los EE.UU, que representan la tradición escultórica de países de África occidental y central, creadas entre los siglos XII y comienzos del XX.

Se considera que son los únicos lazos tangibles que sobreviven  relacionados con generaciones de líderes que dirigieron el África precolonial en los pueblos Akan de Ghana, la civilización Ife y el reino de Benin de Nigeria, en Bangwa y Kom del Camerún, los Chokwe de Angola y Zambia y los Luluwa, Hemba y Kuba de la República Democrática del Congo. Se exhiben filmes africanos, y hay conferencias ilustrativas.

Las esculturas, en su mayoría, representan figuras maternas en el acto de amamantar al pequeño que se aferra a un seno. Son de madera con pátina de aceite. La  fecundidad ocupa una posición de relieve especialmente en la cultura Asante,  en la que predomina la herencia por línea materna y que, por lo tanto, la mujer desempeña el rol primordial de engendrar hijos, de preferencia mujeres, que continúen el matriarcado.

En la cultura Yoruba se considera a los niños como bendiciones de los dioses. El pueblo Kongo, por su parte, honra como a gran jefe a la mujer con muchos hijos y nietos. Resagos culturales que explican por qué el continente africano mantiene las más altas tasas de fecundidad.

Otras figuras  representan a la mujer sentada en un trono en actitud solemne. En África se las conserva en altares como poderosas deidades protectoras. También hay figuras de guerreros a caballo y de animales, especialmente de serpientes. Estas desempeñan un papel importante en la cosmología y orígenes mitológicos de África, símbolo de inmortalidad, porque se renuevan cambiando de piel.

En Ecuador, inexplicablemente, el Museo Nacional de la Cultura en Quito no tiene espacio para el arte del pueblo afroecuatoriano, ni siquiera para evidencias arqueológicas de la cultura Tolita (500aC-500 dC) sobre la presencia africana precolombina en lo que hoy es Ecuador, como si las hay en Cuenca en el museo del Dr. Juan Cordero.

Sería buen propósito para 2012, en un país pluricultural, darle cabida al arte de uno de sus principales y  más dinámicos pueblos en el museo Nacional y sobretodo pensando en un decenio por los Afrodescendientes.



UNA MIRADA DIFERENTE A LOS LÍDERES DE ÁFRICA

"Africanos heroicos: líderes legendarios, esculturas icónicas", una exhibición que llega al Museo Metropolitano para refutar los prejuicios más extendidos sobre el arte africano.
POR HOLLAND CARTER  - The New York Times.

Si todavía piensa que el arte africano no es lo suyo, hay una exhibición en el Museo Metropolitano que podría hacerlo cambiar de idea. "Africanos heroicos: líderes legendarios, esculturas icónicas" es lo más agradable que puede llegar a haber. ¿El arte africano no tiene historia? ¿No tiene una tradición de realismo independiente? ¿No conoce el retrato? ¿Toda la escultura africana en esencia se parece, o sea, es "primitiva"? ¿El arte africano y el occidental son fundamentalmente diferentes en contenido y objetivo? Todo falso.

El arte de África Subsahariana es uno de los más antiguos que se conocen. Data de hace decenas de miles de años. En la exposición, las obras más antiguas son cabezas naturalistas tipo retrato en terracota del siglo XII procedentes del sudoeste de Nigeria. Antes de la edad moderna, las crónicas africanas antiguas se transmitían de boca a boca, de narrador a narrador, y muchas esculturas, tempranas y tardías, encarnan relatos centenarios de personas reales y vidas reales. Es así como quedan condensadas en una taquigrafía visual del mismo modo que la tradición oral. Un recorrido, incluso apresurado, confirma la variedad del arte africano en un espectro estilístico que va desde la representación detallista perfecta hasta la quasi-abstracción.

La muestra se inicia con un análisis comparativo de retratos del poder político en África y en Occidente: una cabeza de bronce del siglo XVII que representa a un soberano del reino de Benín, en lo que es actualmente Nigeria, y un busto de mármol tallado del emperador romano Octaviano, que se hizo llamar Augusto, aproximadamente del año 5 a.C.

El retrato de Augusto es de un tipo familiarmente naturalista; conocemos su nombre porque fue escrito y aparece en muchos retratos idénticos. El naturalismo de la cabeza de Benín es sumamente estilizado, y el nombre del soberano es desconocido, se ha perdido con las historias orales borradas por el colonialismo.

Pese a sus diferencias, ninguno de los "retratos" es más o menos realista que el otro. Augusto aparece como un Apolo griego con peinado romano. El rey de Benín, con los ojos bien abiertos y rollizo, casi rebosante de buena salud, se ajusta a un ideal africano de bienestar regio. Ambos retratos conmemoran a personas de la realeza, pero son, ante todo, emblemas abstractos de normas que deben ser emuladas y un poder político que corresponde reverenciar.

Que la elite gobernante atraía talento de primera línea al encargar obras de arte es evidente en los retratos de personajes de la realeza de Benín y en las cabezas de terracota producidas en la capital Yoruba, Ife, también en Nigeria, entre los siglos XII y XV.

Con su naturalismo delicado y sobrio, estas cabezas presentan un atractivo automático para la mirada occidental. Todas tienen los mismos rasgos sensuales: labios rellenos, ojos almendrados y dibujos de estrías verticales por todas partes, interpretadas por algunos expertos como marcaciones cosméticas y por otros como sombras arrojadas por los velos con abalorios sujetos a las coronas reales.

Cada rostro está sutilmente particularizado, lo cual indica que todos están inspirados en modelos vivos, aunque sigue siendo un misterio quiénes pueden haber sido exactamente y cómo debían funcionar estos retratos si es que lo son.

Una cosa es segura: muchos de ellos son anteriores al contacto colonial. Esto significa que el realismo en el arte, que Occidente tiende a ver como su logro distintivo, se desarrolló en forma independiente en África aunque allí, con tantas otras ricas opciones disponibles, fue sólo esporádicamente valorado.

La escultura en terracota también floreció entre los Akan de Ghana y Costa de Marfil en los siglos XVII y XVIII. En la muestra, dos esculturas conmemorativas identificadas por el nombre provienen de manos femeninas: una es de una reina del siglo XVIII llamada Nana Attabra, con ojos como botones, sonriente, y con el cabello en conchas de caracoles; la otra de su hija Fukwa, una presencia formidable, de frente ancha con una mirada inteligente. En general, hay en la muestra casi tantas heroínas como héroes. La famosa superheroína tallada en madera conocida como la "Reina Bangwa", con su tocado parecido a un lanzador de cohetes y su postura, como si acabara de aterrizar, con las piernas flexionadas, es la Mujer Maravilla de la exposición.

Su fama deriva en parte de las colecciones occidentales estelares por las que pasó desde que abandonó su santuario real en la región de las Praderas de Camerún a fines del siglo XIX.

Aunque, naturalmente, allí era menos un objeto que un ser vivo, una sacerdotisa, con un nombre y una personalidad. El nombre y el santuario desaparecieron hace tiempo. Su personalidad chispeante explosiva, extática-- aún crepita.