Sostiene el presidente Rafael Correa que “se ha hablado de dictadura, y tienen razón, porque en Ecuador existe un Gobierno con una impresionante legitimidad democrática que ha tenido que enfrentar la dictadura de los medios de comunicación”. Ver su carta.
Sí, en Ecuador hay libertad de opinión. Basta leer la prensa diaria llena de verdades a media, desinformación, ocultamiento de información, a veces con difamaciones y hasta calumnias.
Hay quienes niegan que haya libertad de expresión, porque no es libertad de calumniar y mentir.
Lo que opina un mexicano:
http://www.jornada.unam.mx/2012/03/01/opinion/028a1mun
CARTA A MI PUEBLO, A NUESTRA
AMÉRICA Y AL MUNDO.
Ecuatorianas y ecuatorianos, ciudadanas y ciudadanos de América y del Mundo:
Luego de una sentencia histórica en el llamado Caso “El Universo”, he creído conveniente relatar en detalle todo lo que realmente ha pasado, para que los ciudadanos del mundo y la posteridad entiendan el por qué de nuestra lucha y el increíble poder al
cual enfrentamos y derrotamos.
Luego de más de cuatro años de una sistemática campaña de desprestigio y difamación a un Presidente que jamás se sometió a poder fáctico alguno, que jamás almorzó –como era costumbre- con los dueños de los medios de comunicación, que jamás nombró a alguno de ellos o a sus familiares para embajadas, como era habitual en el pasado, reuní a mis compañeros del buró político de la Revolución Ciudadana, para informarles mi decisión personal pero
irreversible, de no permitir que se juegue más con mi honra, con mi familia, ni con lo ocurrido el 30 de Septiembre de 2010, día tan
triste para la historia nacional.
2
Varios compañeros no estuvieron de acuerdo,
reconociendo, como todos, una prensa cuyo
poder es inversamente proporcional a sus
escrúpulos. Les solicité que respetaran mi
decisión, y que incluso estaba dispuesto a
separarme del proyecto político si ésta lo
afectaba, porque ante todo era un ser
humano, y ya no podía tolerar tanta infamia.
Luego, procedí también a informar de mi
decisión al pueblo ecuatoriano.
Pese a ello, una vez más, de la forma más
descarada, Emilio Palacio, en aquel entonces
editor de “opinión” de Diario El Universo, el
día 6 de febrero de 2011, en su editorial “No a
las Mentiras” me acusó de ser “criminal de
lesa humanidad” y de “haber ordenado
disparar a discreción y sin previo aviso contra
un hospital lleno de civiles”. Esto, por respeto
a la más elemental dignidad humana, a los
caídos aquel nefasto día, a la imagen de la
Patria, y por respeto a la historia, no lo
podíamos aceptar.
Por ello, como ciudadano y bajo mi absoluta
responsabilidad personal, inicié el
correspondiente juicio penal en contra de la
nueva y monstruosa infamia, dejando los
3
aspectos legales en manos de mis abogados,
pero señalando desde el inicio, y también
durante todo el proceso, que todo terminaría
si rectificaban su mentira -como lo imponía la
ética, la Constitución en su artículo 66, y la
propia Convención Interamericana de
Derechos Humanos, que suscribimos
plenamente y que ellos tan
acomodaticiamente invocan, en sus artículos
13 y 14-; y que no íbamos a quedarnos con
medio centavo, ya que cualquier
indemnización sería para el proyecto Yasuní-
ITT. Todo ello ha sido largamente ignorado
por cierta prensa, cuya manipulación induce a
creer que esta lucha fue motivada por un afán
de coartar la libertad de expresión y de lucro
personal.
Nunca quise ese juicio, como ningún otro.
Jamás ha sido nuestra intención meter preso
a nadie –nosotros sí pensamos en sus
familias, aunque ellos nunca pensaron en las
nuestras-, nunca buscamos quebrar a alguien,
apoderarnos del dinero de nadie; lo único que
buscamos desde el inicio, y así lo dijimos en
múltiples ocasiones, es la verdad.
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En el juicio, se presentaron más de 150
editoriales injuriosos, en los cuales hasta se
insinuaba que habíamos retirado las balas de
los cadáveres para que, supuestamente, no se
supiera lo que había pasado el 30S. En el
proceso, se demostró que el malqueriente
autor de la mayoría de estas graves mentiras
e injurias, en lugar de ser despedido como en
cualquier medio decente, fue por el contrario
premiado con substanciales incrementos de
sueldo.
Este ha sido un juicio duro, tenso, extenuante,
con acusados que han esgrimido las más
canallescas herramientas; obligando anti
éticamente a sus lectores a recibir
exclusivamente información parcializada,
sesgada, acomodada a sus particulares
intereses; pretendiendo en centenas de
titulares ganar lo que no lograban en los
tribunales. El más claro ejemplo de la lucha
entre el Estado de Opinión contra el Estado de
Derecho, la dictadura mediática versus la
verdadera democracia.
Informaron falsamente que se los acusaba del
Delito de Desacato -anacrónica figura penal
ya eliminada en nuestro proyecto de Nuevo
5
Código Penal-, cuando en realidad era un
juicio ordinario de acción privada por
injurias calumniosas, de los cuales existen
más de 12.000 en nuestro país.
A través de su poder mediático indujeron a
creer que se cambiaba una y otra vez de
jueces para favorecernos, para que actuaran
jueces que despectivamente llamaban
“golondrinas”, y lo que nunca dijeron es que
todos esos cambios fueron pedidos por el
propio diario El Universo, intentando encontrar
a un juez que se sometiera a sus intereses.
Hubo seis recusaciones para cambio de jueces
y tribunales durante el proceso, todas por
parte de diario El Universo, porque a ningún
juez lo consideraban a su medida. Pese a
esto, ganamos contundentemente en la
primera instancia ya que la defensa del diario
fue, por decir lo menos, deplorable. De hecho,
el abogado de El Universo ni siquiera se
presentó, dejando en la indefensión a su
propio cliente.
Luego de la sentencia de primera instancia
comenzó un linchamiento mediático sin
precedentes al juez que falló en contra del
6
diario, a mis abogados, y a todo el que
estuviera a favor de nuestra causa.
Mostrando su real malicia –y por favor,
¡prohibido olvidar!- intentaron “demostrar”
que la infamia de Emilio Palacio era verdad,
para lo cual presentaron al país un video
perversamente manipulado en el que
supuestamente el 30S yo ordenaba disparar
en el pecho a los traidores a la Patria. Gracias
a Dios, teníamos el video original donde se
demostraba que lo que había realmente dicho
es que me den a mí un tiro en el pecho antes
de traicionar así a la Patria. Esto sirvió para
que la ciudadanía abriera los ojos, y nos diera
mucho más apoyo popular.
Cuando se derrumbaron todas sus mentiras,
se lograron acercamientos para finalizar el
juicio con la presentación de las debidas
disculpas y rectificación. Incluso enviaron el
borrador de una posible excusa, hasta que
cayeron en manos de un siniestro abogado
que los llevó a mayor malicia y agresividad,
iniciándose una nueva campaña de
deslegitimación del proceso al asegurar que la
sentencia –posteriormente ratificada en todas
las instancias- no había sido elaborada por el
7
juez de la causa, hecho “verificado” por un
supuesto experto extranjero nombrado y
pagado por ellos mismos; es decir, acusación
sin ninguna validez jurídica, pero que la falta
de ética de cierta prensa la tomó como verdad
absoluta.
Pese a toda esta arremetida de desprestigio e
intimidación, los tres jueces de segunda
instancia en forma contundente nos dieron
nuevamente la razón. En este período
empiezan a acudir a la CIDH, donde existe,
por decir lo menos, la inapropiada injerencia
de la Relatora para la Libertad de Expresión,
basándose tan solo en versiones de los
acusados, y pretendiendo que hasta sus
opiniones debían ser vinculantes para un
Estado soberano.
Posteriormente, y al verse perdidos, ocurre
algo seguramente inédito en la historia del
periodismo mundial: El Universo acepta pedir
disculpas –es decir, reconoce que mintiópero…
¡tratando de imponer condiciones al
injuriado! ¡Inaudito! Si mintió, la ética, la
Constitución y la Convención Interamericana
los obligaba a disculparse y rectificar sin
ninguna condición; y si no habían mentido,
8
¿por qué entonces disculparse? Una muestra
más de la descarada soberbia del poder
mediático y su desprecio por las leyes y la
ética.
Y así vamos a la instancia de casación pedida
por los ya sentenciados en dos instancias
previas. El país conoce que trataron por todos
los medios de dilatar el proceso, de impedir
que se administre justicia, y que el día
anterior a la fecha original de la audiencia de
casación, muy “oportunamente” un juez se
enferma y, aunque la audiencia podía
instalarse con un conjuez, el mismo día de la
audiencia el Presidente del Tribunal la
suspende, siendo evidente que la parte
acusada ya conocía lo que iba a suceder (Su
defensa no se presentó).
Cabe indicar que el juez tan oportunamente
enfermo declaró que había sido sujeto de toda
clase de presiones por los abogados de diario
El Universo, lo cual es un delito gravísimo,
pero que también ha sido largamente
ignorado por la prensa.
Deliberada y claramente, los acusados
dilataron el proceso para que llegara la nueva
Corte Nacional de Justicia, y ponerlos en el
9
dilema de darles la razón o someterse al
inmisericorde castigo mediático para hacer
perder legitimidad a un proceso histórico de
restructuración en forma democrática del
sistema de justicia ecuatoriano.
Felizmente, los flamantes jueces –elegidos por
concurso nacional de merecimientos- no se
atemorizaron, y pese a que nuevamente un
día antes de la audiencia la defensa del diario
trató de generar otro incidente, al
sorpresivamente presentar “graves denuncias”
de una jueza que había llevado el caso,
denuncias presentadas no ante el Fiscal sino
ante el abogado de los acusados, se realiza la
audiencia en que la defensa de El Universo
habla durante más de 12 horas, y, ya en la
madrugada del día siguiente, después de más
de 15 horas de audiencia, por unanimidad
los jueces de la Corte Nacional vuelven a
ratificar la sentencia en todas sus partes.
En este proceso hemos aprendido mucho,
sobre todo acerca de hasta dónde llegan los
tentáculos de este poder que se ha creído
omnímodo y por encima de las leyes, poder
que antes de nuestro gobierno no necesitaba
mostrarse de cuerpo entero porque bastaban
10
un par de titulares para arredrar a cualquiera.
Nosotros hemos recibido miles, y no han
podido derribar nuestras murallas de
integridad y dignidad.
Con mucha pena vemos el espíritu de cuerpo,
incluso de respetable prensa internacional,
publicando versiones de los acusados sin ni
siquiera cumplir con el elemental deber de
contrastar la información. Jamás, hasta
ahora, un diario de América o del mundo ha
pedido la versión del ciudadano Rafael Correa
sobre este caso, ¡jamás!, sólo, repito, han
recogido la versión de los acusados, en un
claro atentado a la ética y profesionalismo
periodístico.
Como una muestra de total prepotencia, el
grupo de Diarios de las Américas –
especialmente medios colombianosreprodujeron
el infamante artículo, lo cual lo
consideramos hasta un favor, porque las y los
ciudadanos honestos de nuestra América
pudieron darse cuenta de la razón que nos
asiste, pero demuestra bastante bien la forma
de actuar de gran parte del poder informativo
latinoamericano. El mensaje fue: si la prensa
te insulta, agacha la cabeza, porque si no, te
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va peor. ¡Esto no va más en Ecuador, y pronto
no irá más en nuestra América!
Se ha hablado de que no se siguió el debido
proceso, y probablemente tienen razón, ya
que lo “debido” hasta hace poco en Ecuador
era que los jueces temblaran y se sometieran
a la presión mediática. Se ha hablado de
dictadura, y nuevamente tienen razón, porque
en Ecuador existe un Gobierno con una
impresionante legitimidad democrática que ha
tenido que enfrentar la dictadura de los
medios de comunicación.
Esta dura pero fructífera lucha, nos permitió
también descubrir las distorsiones del Sistema
Interamericano de Derechos Humanos. Cosas
realmente intolerables, incluso aberrantes. Por
ejemplo: la sede de la CIDH está en
Washington, la presidenta de la Comisión es
una estadounidense, y, sin embargo, Estados
Unidos no es signatario de la Convención.
¿Cómo puede ser posible esto? Por otro lado,
la Comisión tiene ocho Relatorías de
Derechos, pero la única con informe
independiente y con presupuesto propio, es la
Relatoría de Libertad de Expresión. Su
financiamiento proviene de los Estados
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Unidos, que no reconoce la Convención, y de
la Unión Europea, que no es parte del Sistema
Interamericano. ¿Es esto lógico? ¿el derecho
de libertad de expresión tiene supremacía
sobre otros derechos, o refleja tan solo la
hegemonía del capital que está detrás de los
negocios dedicados a la comunicación? Como
experto económico, esto ya lo he visto. Por
ejemplo, la independencia de los bancos
centrales, que se presentó como avance
científico y civilizatorio, no era otra cosa que
formas de garantizar los privilegios del capital
financiero.
Se evidenciaron los grandes sesgos de la
CIDH, Comisión que tiene más bien la
característica de una ONG, y no de una
institución jurídica. La legalidad es secundaria.
Así, asumen cruzadas reales o imaginarias. El
Estado, las autoridades públicas, siempre son
los enemigos. Los periodistas, los medios,
siempre son las víctimas y perseguidos, sin
alcanzar a entender que cualquier poder es
capaz de atentar a los Derechos Humanos,
entre ellos el poder informativo.
Los Estados estamos obligados a cumplir lo
que firmamos, pero la CIDH pretende
13
convertir en vinculantes sus declaraciones de
principios y hasta sus simples gustos y
opiniones.
¿Que hay que despenalizar la injuria? Con
gusto debatamos, pero sin imposiciones, y
podemos condicionarlo a que EEUU elimine la
pena de muerte, ya que molesta bastante la
doble moral. Pero no nos engañemos, en
realidad el mensaje es que no se puede
enjuiciar a un periodista o a un medio de
comunicación.
Otro punto importante, la idea de que los
funcionarios públicos tenemos que aceptar
más críticas, mayor escrutinio. ¿Quién puede
estar en contra de algo tan obvio? Pero,
¿significa aquello que tenemos que aceptar
injurias, ataques a nuestra honra?, ¿dónde
establece aquello la Convención? Si lo dijera,
sería discriminatorio y socialmente torpe,
porque solo los peores, los que no tienen nada
que perder, vendrían a la función pública.
En definitiva, con su espíritu de ONG la CIDH
pretende que los Estados siempre sean
sospechosos, las autoridades públicas
tengamos menos derechos humanos que los
demás ciudadanos, y los periodistas y medios
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no tengan ni siquiera responsabilidad ulterior,
todo lo cual atenta expresamente contra la
Convención Interamericana de Derechos
Humanos, que es lo vinculante para los
Estados, y no, repito, las opiniones de la
CIDH.
En tiempo récord se ha pedido por parte de la
CIDH medidas cautelares, básicamente la
suspensión de la sentencia, la cual, dicho sea
de paso, ni siquiera está notificada. Pues bien,
hemos descubierto que la atribución de
solicitar medidas cautelares, no consta en la
Convención, único documento vinculante para
los Estados, sino que se la arrogó la propia
CIDH en su reglamento.
Ni las formas se guardaron, pues el texto de
la disposición que contiene las medidas
cautelares carece de cualquier motivación; y,
lo más grave de todo, es que las normas
internas de la Comisión únicamente admiten
medidas cautelares en el evento de existir
daños irreparables, que obviamente no
existen en el caso del Diario El Universo. Es
claro que si no se tratara del más poderoso
periódico de Ecuador este caso hubiera sido
uno más de los doce mil cuatrocientos
15
cuarenta y nueve juicios propuestos por
injurias calumniosas que se tramitan en
nuestro país.
Así, esta lucha nos ha permitido evidenciar un
inmenso y fundamental espacio, donde no han
estado presentes los Estados, y que ha sido
delegado a funcionarios que claramente han
extralimitado y distorsionado sus funciones,
influenciados por países hegemónicos,
fundaciones financiadas por los propios
medios de comunicación, y el gran capital
detrás de los negocios de comunicación social.
Es necesario transformar el Sistema
Interamericano de Derechos Humanos, y
tengan la seguridad de que lucharemos para
que sus organismos protejan auténticamente
los derechos de las y los ciudadanos de
nuestra América, sin sucumbir ante intereses,
visiones extrañas a su función y presiones de
cualquier naturaleza.
En fin, conciudadanos, la lucha ha sido
durísima pero gracias a Dios, victoriosa,
gratificante y fructífera, y se han cumplido los
tres objetivos que buscábamos, que no eran
mandar preso a nadie, ni quitarle medio
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centavo a nadie, los tres objetivos básicos que
buscábamos:
Primero, demostrar que El Universo mintió y
no corrigió su mentira, atentando ellos sí
contra la Constitución, los Derechos Humanos
y la más elemental ética; segundo, evidenciar
que los responsables no son solamente los
malquerientes que no tienen nada que perder
y se prestan a cualquier cosa por odio o
dinero, sino también los directivos del medio,
y el propio diario a través del cual se
instrumentan las infamias; y, tercero, lograr
que los ciudadanos del Ecuador y de toda
nuestra América superen el miedo a esa
prensa que actúa de manera corrupta y
abusiva, y que con la ley en la mano
defiendan estos ciudadanos sus derechos. Se
demostró que se puede enjuiciar y vencer
al abuso del poder mediático.
Tengo que agradecer a muchas personas: a
mis abogados, a mi familia, a mis amigos,
pero, sobre todo, quisiera agradecer el
inmenso apoyo de los ciudadanos no solo de
Ecuador, sino de toda nuestra América. Pese a
la impresionante campaña mediática, a la
manipulación de la información, a los intentos
17
de deslegitimación del proceso, los niveles de
popularidad del Gobierno Nacional están más
altos que nunca y los niveles de credibilidad
de la prensa más bajos que jamás.
Como en todos los actos de mi vida, pueden
tener la certeza que mi comportamiento ha
sido absolutamente ético. Pese a las
difamaciones de la prensa nacional y
extranjera, ni siquiera conozco a ninguno de
los jueces, a ninguno de los que participaron
en el proceso. Hemos vencido
contundentemente en tres instancias,
porque teníamos la verdad, porque
teníamos la razón.
Aunque sé que muchos quieren que no se
haga ninguna concesión a quienes no la
merecen, así como tomé la decisión de iniciar
este juicio, he decidido ratificar algo que hace
tiempo estaba decidido en mi corazón y quee
decidí también con familiares, con amigos y
compañeros cercanos: perdonar a los
acusados, concediéndoles la remisión de
las condenas que merecidamente
recibieron, incluyendo a la compañía El
Universo. También he decidido que desistiré
de la demanda que propuse en contra de los
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autores del libro “El Gran Hermano”, donde de
la forma más infame se afirmó que conocía
de los ilegales contratos de Fabricio Correa, y
que la terminación de los mismos era una
simulación para beneficiarlo por medio de los
juicios millonarios que efectivamente puso y
que el Estado poco a poco va ganando. Lo que
les faltó decir, es que las empresas fantasmas
y las contrataciones, así como los juicios
contra el Estado, fueron y son asesorados por
el Procurador de Diario El Universo. Sin
embargo, ya nadie les cree, y no vale la pena
perder el tiempo en personas que ni aquello
merecen.
El libro “El Gran Hermano” es una nueva
prueba de la mediocridad y falta de decencia
de cierto periodismo, que desfoga a través de
supuestas investigaciones todo su odio. En su
soberbia, no es que les caemos mal porque
somos corruptos, sino que debemos ser
corruptos porque les caemos mal.
La prensa corrupta, abusiva ha sido
vencida, esa prensa que, ante la derrota
contundente de la derecha y los grupos
conservadores, se ha convertido en un actor
político beligerante contra los gobiernos
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progresistas y que arremete en forma
ilegítima, deshonesta y prepotente contra las
conquistas democráticas de los pueblos.
Hay perdón, pero no olvido. Tenemos que
aprender del presente y de la historia, luchar
por una verdadera comunicación social en la
cual los negocios privados sean la excepción y
no la regla, donde la libertad de expresión sea
un derecho de todos y no el privilegio de
oligarquías que heredaron una imprenta para
ponerla a nombre de empresas fantasmas en
Islas Caimán.
Esperamos que los injuriadores dejen de
mostrarse como víctimas, no les queda
bien ese papel, no les cabe ese papel. Que
de ahora en adelante asuman un compromiso
con la verdad y la ética profesional.
Las víctimas son aquel joven estudiante
Presidente de las Universidades Particulares
del Ecuador, al cual en el año 1986 le
prohibieron hasta la entrada a El Universo, por
haber apoyado un proyecto de ley que
prohibía la publicidad de alcohol y tabaco. Las
verdaderas víctimas son los padres que
perdieron sus dos hijos por inhalación de gas,
y la prensa los acusó de haberlos asesinado
20
en ritos satánicos, para con el escándalo
vender unos cuántos periódicos más. Las
víctimas son las centenas de verdaderos
periodistas separados de sus medios por sus
posturas y opiniones, o sometidos a la
censura previa que todos sabemos aplican los
medios diariamente en función de sus
intereses. Las víctimas son aquellos
trabajadores de los diarios amenazados de
perder su trabajo si simpatizan con el
Gobierno, con la Revolución Ciudadana. Las
víctimas son todos los ecuatorianos injuriados
y ofendidos por publicaciones perversas de
periodistas faltos de ética, muchas veces
guiados tan solo por desafectos personales.
Hoy muy pocos necios se atreven a afirmar
que los medios privados de comunicación no
han ejercido una dictadura de la palabra y de
la noticia. Eso es parte de la indignación y de
los indignados que recorren el mundo. No
obstante, a los que nos oponemos
frontalmente a esta dictadura nos quieren
reducir a simples perseguidores de periodistas
y conculcadores de libertades.
Nuestra mejor respuesta son los niños felices,
con libros y uniformes asistiendo a Escuelas
21
del Milenio, los quirófanos para salvar vidas,
las familias con vivienda, las ciudades con
carreteras de primer orden, nuestros
discapacitados finalmente atendidos, nuestra
nueva Constitución de la República, ejemplo
mundial de garantías de derechos. Nuestra
mejor respuesta es la disminución de la
inequidad y la miseria, el alcanzar la
verdadera libertad, que sólo puede estar
basada en la verdad y la justicia.
Jamás permitiremos otra hoguera bárbara, el
más cruel crimen político de la historia del
país, impulsado directa y descaradamente por
la prensa de aquel entonces.
Y decimos con Eloy Alfaro Delgado: “Nada
soy, nada valgo, nada quiero para mí, todo
para vosotros, pueblo que se ha hecho digno
de ser libre”.
¡Hasta la victoria siempre!
Rafael Correa Delgado
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA
REPÚBLICA DEL ECUADOR
Quito, 27 de Febrero de 2012.
La intervención en video del Presidente Rafael Correa está disponible en:
EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA Y LA REVOLUCIÓN CIUDADANA
Los intelectuales, artistas, científicos, profesionales independientes y ciudadanos que suscribimos este documento manifestamos nuestro repudio a los intentos de desestabilización de la democracia ecuatoriana, puestos en marcha por una alianza de fuerzas internas e internacionales, que buscan frenar al proceso de transformaciones emprendido por el pueblo del Ecuador mediante su Revolución Ciudadana.
Desde hace cinco años, el gobierno democrático de Rafael Correa, con el pleno y reiterado respaldo de una amplia mayoría ciudadana, ha efectuado notables transformaciones en la vida social, económica y política del Ecuador, especialmente orientadas a beneficiar a la población pobre, antes marginada y excluida de la atención estatal.
La salud pública es hoy totalmente gratuita y de la mejor calidad. La educación pública y laica ha sido atendida con programas de alimentación, uniformes y útiles escolares sin costo, mejorada en su infraestructura, ampliada en su gratuidad hasta el nivel universitario y enriquecida con la creación de las “Escuelas del Milenio”, equipadas con la más alta tecnología para educar a indígenas y pobladores marginales. Se ha enfrentado la falta de vivienda mediante bonos y programas masivos de construcción. Una preocupación especial han merecido los discapacitados y las gentes ubicadas en extrema pobreza, para quienes se han creado sistemas especiales de atención y protección estatal. Las reformas laborales han elevado en forma constante los salarios y su poder real de compra, y han devuelto la dignidad al trabajo humano, proclamada por la Organización Internacional del Trabajo, al suprimir las expoliadoras políticas de flexibilización laboral y tercerización del empleo. Hoy, cada trabajador ecuatoriano tiene contrato de trabajo indefinido y prestaciones sociales, y los jubilados tienen garantizadas sus pensiones y atención médica en un renovado y fortalecido Seguro Social.
Todo ello ha sido financiado, en buena medida, con los recursos producidos por una nueva política fiscal, de corte redistributivo, y por la notable disminución de la deuda externa, renegociada en términos de dignidad nacional. En fin, una enorme obra constructiva ha mejorado y multiplicado la infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria del Ecuador, y, junto con una política una política de estímulo y relanzamiento de la producción nacional, han desarrollado el mercado interno, ampliado la ocupación y disminuido el desempleo y los índices de pobreza.
Ese notable proceso de cambios explica las elevadas cifras de aceptación y aprobación pública que tienen el presidente Correa y su gobierno, superiores al 70%, que han sido certificadas por diversas encuestadoras internacionales.
Sin embargo, desde el primer momento la Revolución Ciudadana ha enfrentado el acoso de los poderes fácticos vinculados a viejos privilegios y en especial del poder mediático. Así, los dueños y portavoces de los grandes medios de comunicación privados han optado por convertirse en agresivos actores políticos, reemplazando a los hoy difuminados partidos de derecha, que en las últimas décadas habían llevado al país a una situación de ruina y desesperanza colectiva. Parte de ello ha sido la campaña de escándalo mediático, encabezada por un grupo de escritores vinculados a esos mismos medios.
Queremos enfatizar que el Presidente Correa no ha clausurado medios, censurado informaciones o perseguido a inocentes periodistas, como se sostiene por parte de sus enemigos o de críticos desinformados. Por el contrario, ha recurrido a la justicia, en uso de sus derechos ciudadanos, para buscar el refrenamiento legal de un grupo de personas que han utilizado la calumnia como arma política. Y jueces de varias instancias, aplicando las leyes del país, han dictado sanciones contra los autores y propiciadores de esos delitos.
Finalmente, la digna y generosa actitud mostrada por el gobernante al perdonar legalmente a sus ofensores y pedir la remisión de las penas impuestas a ellos, es una prueba más de su vocación humanista, que ha buscado superponer los altos intereses de su pueblo a los legítimos derechos de vindicación de su honra.
Por todo lo expuesto, los abajo firmantes expresamos nuestro respaldo al pueblo ecuatoriano y su Revolución Ciudadana, y convocamos al gobierno del Ecuador a encabezar un gran esfuerzo de ampliación de su base social, mediante la negociación de acuerdos políticos con todas las fuerzas populares del Ecuador, acerca de temas vitales para la vida presente y futura del país. Esto dejará sin piso a la nueva conspiración internacional montada en su contra.
Febrero de 2012
EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA Y LA REVOLUCIÓN CIUDADANA
Los intelectuales, artistas, científicos, profesionales independientes y ciudadanos que suscribimos este documento manifestamos nuestro repudio a los intentos de desestabilización de la democracia ecuatoriana,puestos en marcha por una alianza de fuerzas internas e internacionales, que buscan frenar al proceso de transformaciones emprendido por el pueblo del Ecuador mediante su Revolución Ciudadana.
Desde hace cinco años, el gobierno democrático de Rafael Correa, con el pleno y reiterado respaldo de una amplia mayoría ciudadana, ha efectuado notables transformaciones en la vida social, económica y política del Ecuador, especialmente orientadas a beneficiar a la población pobre, antes marginada y excluida de la atención estatal.
La salud pública es hoy totalmente gratuita y de la mejor calidad. La educación pública y laica ha sido atendida con programas de alimentación, uniformes y útiles escolares sin costo, mejorada en su infraestructura, ampliada en su gratuidad hasta el nivel universitario y enriquecida con la creación de las “Escuelas del Milenio”, equipadas con la más alta tecnología para educar a indígenas y pobladores marginales. Se ha enfrentado la falta de vivienda mediante bonos y programas masivos de construcción. Una preocupación especial han merecido los discapacitados y las gentes ubicadas en extrema pobreza, para quienes se han creado sistemas especiales de atención y protección estatal. Las reformas laborales han elevado en forma constante los salarios y su poder real de compra, y han devuelto la dignidad al trabajo humano, proclamada por la Organización Internacional del Trabajo, al suprimir las expoliadoras políticas de flexibilización laboral y tercerización del empleo. Hoy, cada trabajador ecuatoriano tiene contrato de trabajo indefinido y prestaciones sociales, y los jubilados tienen garantizadas sus pensiones y atención médica en un renovado y fortalecido Seguro Social.
Todo ello ha sido financiado, en buena medida, con los recursos producidos por una nueva política fiscal, de corte redistributivo, y por la notable disminución de la deuda externa, renegociada en términos de dignidad nacional. En fin, una enorme obra constructiva ha mejorado y multiplicado la infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria del Ecuador, y, junto con una política una política de estímulo y relanzamiento de la producción nacional, handesarrollado el mercado interno, ampliado la ocupación y disminuido el desempleo y los índices de pobreza.
Ese notable proceso de cambios explica las elevadas cifras de aceptación y aprobación pública que tienen el presidente Correa y su gobierno, superiores al 70%, que han sido certificadas por diversas encuestadoras internacionales.
Sin embargo, desde el primer momento la Revolución Ciudadana ha enfrentado el acoso de los poderes fácticos vinculados a viejos privilegios y en especial del poder mediático. Así, los dueños y portavoces de los grandes medios de comunicación privados han optado por convertirse en agresivos actores políticos, reemplazando a los hoy difuminados partidos de derecha, que en las últimas décadas habían llevado al país a una situación de ruina y desesperanza colectiva.Parte de ello ha sido la campaña de escándalo mediático, encabezada por un grupo de escritores vinculados a esos mismos medios.
Queremos enfatizar que el Presidente Correa no ha clausurado medios, censurado informaciones o perseguido a inocentes periodistas, como se sostiene por parte de sus enemigos o de críticos desinformados. Por el contrario, ha recurrido a la justicia, en uso de sus derechos ciudadanos, para buscar el refrenamiento legal de un grupo de personas que han utilizado la calumnia como arma política. Y jueces de varias instancias, aplicando las leyes del país, han dictado sanciones contra los autores y propiciadores de esos delitos.
Finalmente, la digna y generosa actitud mostrada por el gobernanteal perdonar legalmente a sus ofensoresy pedir la remisión de las penas impuestas a ellos, es una prueba más de su vocación humanista, que ha buscado superponer los altos intereses de su pueblo a los legítimos derechos de vindicación de su honra.
Por todo lo expuesto, los abajo firmantes expresamos nuestro respaldo al pueblo ecuatoriano y su Revolución Ciudadana, y convocamos al gobierno del Ecuador a encabezar un gran esfuerzo de ampliación de su base social, mediante la negociación de acuerdos políticos con todas las fuerzas populares del Ecuador, acerca de temas vitales para la vida presente y futura del país. Esto dejará sin piso a la nueva conspiración internacional montada en su contra.
Febrero de 2012
Jorge Núñez Sánchez, historiador y periodista, Ecuador.
Raúl Pérez Torres, escritor y comunicador social, Ecuador.
Sara Vanegas Cobeña, filóloga y escritora, Ecuador.
Juan Paz y Miño, historiador, Ecuador.
Jorge Marcos Pino, arqueólogo, Ecuador.
Roberto Fernández Retamar, Presidente Casa de las Américas, Cuba.
Jenny Londoño López, socióloga e historiadora, Ecuador.
Sergio Guerra Vilaboy, historiador, Presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe.
Alfredo Vera Arrata, arquitecto y promotor cultural, Ecuador.
María Isabel Silva, arqueóloga, Ecuador.
Francisco Jaramillo Villa, músico, Ecuador.
Humberto Mata, escritor, Venezuela.
Nancy Ochoa Antich, filósofa, Ecuador.
Ignacio Ramonet, Director de Le Monde Diplomatique, Francia.
Samuel Guerra Bravo, filósofo, Ecuador.
Margarita Zapata, socióloga, México.
Lucía Moscoso Cordero, historiadora, Ecuador.
César Paz y Miño, genetista e investigador científico, Ecuador.
Pablo González Casanova, filósofo, México.
Ricardo Melgar Bao, antropólogo, México.
Fina Guerrero Cássola, escultora, Ecuador.
Rosa Echeverría, socióloga, Ecuador.
José Fco. Sáez Cornejo, sociólogo y dirigente socialista, Chile.
Pilar Núñez, comunicadora social, Ecuador.
José Regatto Cordero, abogado y escritor, Ecuador.
Horacio López, escritor, Argentina.
Alfonso Monsalve Ramírez, comunicador social, Ecuador.
Xavier Lasso, periodista, Ecuador.
José Herrera Peña, politólogo, México.
Gustavo Pérez Ramírez, sociólogo y periodista, Ecuador.
Tatiana Hidrobo, historiadora y promotora cultural, Ecuador.
Sergio Grez, historiador, Chile.
Oscar Chalá, antropólogo, Ecuador.
Wilson Vega y Vega, bibliotecario, Ecuador.
Carmen Bohórquez, historiadora, Venezuela.
Víctor Albornoz, cantante, Ecuador.
Isabel Terán, comunicadora social, Ecuador.
Rafael Julián Cedano, antropólogo, República Dominicana.
Fernando Buen Abad Domínguez, filósofo, México.
Rafael NodarseLanier, entrenador deportivo, Ecuador.
Jorge Enrique Elías Caro, historiador, Colombia.
Antonio Vergara Lira, editor y promotor cultural, Chile.
Julio Peña y Lillo Echeverría, politólogo, Ecuador.
Ismael González, promotor cultural, Cuba.
Norma Segades, escritora y difusora cultural, Argentina.
Marcelo Vega Arguello, Ecuador.
Medófilo Medina, historiador, Colombia.
Alejandro Pisnoy, comunicador social, Argentina.
Guadalupe Acosta, Ecuador.
Silvia Olga Starkoff, escritora, Argentina.
César Albornoz, sociólogo, Ecuador.
Lucrecia S. Cuesta, periodista y asesora jurídica, Argentina.
Cristina Villanueva, Ecuador.
Omar H. Etcehgoncelhay, abogado, Argentina.
Edgar Páez, editor, Venezuela.
Pedro Martínez Pirez, periodista, Cuba.
Salvador Morales, historiador, Cuba.
Pavel Égüez, artista plástico, Ecuador.
Linda Castillo Rodríguez, abogada, República Dominicana.
Ángela A. Fernández, catedrática universitaria, República Dominicana.
Pedro Pablo Rodríguez, filósofo e historiador, Cuba.
Pablo Imen, investigador, Argentina.
Lucas Ricci Marchand, promotor cultural, Argentina.
Eduardo Montebello, diseñador, Argentina.
Diana Coblier, sicóloga, Argentina.
Julián Andrés Monsalve Aguilar, periodista, Colombia.
Martha Gabriela Sánchez Alustiza, escritora, Argentina.
Frei Betto, escritor, Brasil.
Horacio Hidrovo, poeta, Premio Eugenio Espejo, Ecuador.
Edgar Palacios, músico, Ecuador.
Miguel Mora, músico y administrador cultural, Ecuador.
Galo Mora, músico y promotor cultural, Ecuador.
Silvia Vera, socióloga y promotora artística, Ecuador.
Grupo Pueblo Nuevo, Ecuador.
Alejandro Sigüenza, farmacéutico, Ecuador.
Luz Marina Rumazo Echeverría, Ecuador.
Julia Erazo Delgado, poeta, Ecuador.
Marcos D. Cappellacci, Grupo de Trabajo “Hacer la Historia”, Argentina.
Alicia Boggia, politóloga, Argentina.
Winston Orrillo, periodista, Premio Nacional de Cultura del Perú.
MariliaGuimaraes, Capítulo Brasileiro de Intelectuales e Artistas em defensa de la Humanidade.
Lionel Muñoz Paz, historiador, Venezuela.
José Steinsleger, periodista y escritor, México.
Stella Calloni, periodista y escritora, Argentina.
Yamila Cohén, promotora cultural, Cuba.
María Cristina Satlari, Historiadora, Argentina.
Manuel Góngora, escritor, Perú.
James CountsEarly, Política cultural, Estados Unidos.
Javier CousoPermuy, camarógrafo y activista contra la Impunidad, España.
Juan Diego Pérez, músico y cineasta, Ecuador.
Francesca Gargallo Celentani, escritora, México.
Eddie Crespo Garzón, escultor y muralista, Ecuador.
Natalia Marcos, socióloga, Ecuador.
Alexis Ponce, Defensor de DD. HH., Ecuador.
Eduardo Soto, Director del Museo de la Caricatura, México.
Marcelo Carpita, muralista, Argentina.
Javier Corcuera, cineasta, Perú.
Carlo Frabetti, escritor y matemático, Italia.
Ramiro Cazar, Ecuador.
Marcelo Gomezcoello Vicuña, jurista, Ecuador.
Ramón Chao, escritor, Francia.
Jane Franklin, historiadora, Estados Unidos.
Carmen Gloria Bravo, profesora universitaria, Chile.
Francisca López Civeira, profesora universitaria, Premio Nacional de Historia, Cuba.
Felipe de J. Pérez Cruz, Cuba.
Ana Buriano, historiadora, Uruguay.
Marcos RoitmanRosenmann, académico universitario, España.
Ramiro Mantilla, sociólogo y periodista, Ecuador.
Feliciano García Aguirre, economista e historiador, México.
Dante Ortiz Núñez, historiador, República Dominicana.
Víctor Hugo de la Fuente, periodista y Director de la Edición Chilena de Le Monde Diplomatique, Chile.
Luciano Mogollón, Ecuador.
Mélida Jumbo, docente, Ecuador.
Marcelo Llobet, abogado y profesor universitario, Argentina.
Giovanni Parapini, promotor cultural, Italia.
Felipe Vega de la Cuadra, Ecuador.
AmintaBuenaño, escritora y periodista, Ecuador.
Santiago Alba Rico, escritor, España.
Fernando Rendón, poeta, Director del Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia.
Patricio Zambrano, Relaciones Internacionales, Ecuador.
Florence Baillón, académica, Ecuador.
Jorge Amable Luna, promotor cultural, Ecuador.
Manuel Cabieses Donoso, Director de la Revista Punto Final, Chile.
Irene León, socióloga, Ecuador.
Eugenia Viteri de Vera, escritora, Ecuador.
Vasco Núñez Sánchez, sicólogo, Ecuador.
Adrián de la Torre Pérez, gestor cultural, Ecuador.
CelsaParrau, enfermera, Chile.
Hugo Chumbita, escritor, Argentina.
Norma Alcaide, Argentina.
Padre Miguel d'EscotoBrockmann M.M., Nicaragua.
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